BICIMENSAJERO: CINCO MIL 271 KMS DESPUÉS DE…

Por: Javier Erró*

Cinco mil 271 kms después de iniciado este gran viaje en bicicleta, el año por fin se va rindiendo. Estoy en la Colonia Álamos recién llegando de Polanco. Tarea sencilla, no vale la pena especificar el contenido de un trayecto de 6.9 kms de trafico; el sol no se inmutó, quema no calienta, ciega no ilumina…

Es mi tercer año consecutivo rodando por estas fechas y me fascina. Hay un ambiente apacible, las calles se antojan serenas. ¿Será que el frío apacigua los odios? Común denominador de otras estaciones del año. Todo luce más tranquilo y necesitado de paz. Quizá es el mes de la reflexión, recordamos lo que se fue y lo que habrá de llegar. Trazamos rutas imaginarias, soñamos la ensoñación.

Trabajando en la calle no es distinto. Miro mi bicicleta y habré de cambiar gomas, llantas, pedales y cadena. Limpiar el tiempo transcurrido, sanar la distancia recorrida, sobar kilómetros de dedicación y esfuerzo.

Un descanso es valido, y en el, Don José Velázquez de 58 años de edad, ciclista, padre de familia y agradable conversador, descansa con su bici recargada sobre un muro, a una distancia exacta del alcance de su mano, que delata el valor que concede a su vehículo.

A nuestra espalda se observa un río de autos y un camello naranja. El Viaducto es un cajón de concreto que contiene varios ríos entubados para controlar inundaciones (ajá)…

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Estamos sentados sobre el camellón central de Viaducto Río Becerra, justo en el centro de la calle Aragón que conecta ambos carriles del Viaducto.

Frenos de varilla, rueda libre y un asiento a la altura del cuadro, evidencian lo antaño del frameset; usa parrilla y la ya tan clásica caja naranja de plástico. Él viste pantalón de vestir gris, una polo azul (debajo una camisa negra carcomida por los años), gorra y tenis. También usa un medidor de tiempo sobre la mano izquierda.

Me cuenta que fue un obsequio (el cuadro) de hace tres años. Que ha tenido más bicis que mujeres. Comenta ser afortunado. Deja escapar una mirada hacia el horizonte que el Viaducto se lleva sin esfuerzo. Entonces, también  alzo la mirada, el tiempo siempre nos alcanza, no importa lo rápido que corramos sobre el asfalto.

De repente noto un bote que sobresale de su caja naranja: -¿De qué trabaja? -Como velador en un taller de bicicletas. De golpe noto sus ojeras mientras él pone a ras del suelo los objetos que contiene. Herramientas diversas: desarmadores, martillos, una cegueta y llaves Allen.

Una bacha de cigarro se asoma y José la toma, de inmediato la lleva a su boca y le prende fuego. Fuma mientras me muestra que siempre carga dos cámaras 700x32c de repuesto y una bomba de aire, la cual oculta tan bien debajo de su asiento que, apenas logro advertirla, incluso después de que me dio el pitazo. Devuelve todo al bote y continua fumando, hablamos poco y el viento frío sopla.

Transcurre silencio, le pregunto cuántos años lleva pedaleando y se detiene en su pensamiento, hace cuentas… Atina en que su primer bici le fue obsequiada a los 12 años y seguro de sí, afirma, lleva 46 años de distancias recorridas. Hago un silencio y adivino su edad, casi 60 años y 46 años de experiencia en las piernas. No digo nada, mi profundo respeto sale a floten mientras lo veo. Él, sereno, como si nada pasara.

Le pregunto qué es lo más difícil para él del ciclismo y menciona que el poco respeto por parte de los automovilistas. José viste de oficio. Sin aditamentos especiales, sin casco ni luces: -¿Lo han atropellado? -Ocho veces, ninguna de gravedad, aquí sigo… Quedamos en silencio.

Ya han pasado 15 minutos desde que comenzamos a platicar y considero, es tiempo de posicionarme cerca de La Roma o Narvarte. Me despido de José mientras le pregunto: -¿Puedo tomarle una foto? -¿Y por qué no? Se acomoda la ropa y pone su mejor rostro. Listo.

Me pongo la mochila, coloco el casco, calzo los guantes, elevo el tripie de mi bicicleta y José la chulea. Agradezco el gesto y monto. Me despido una vez más y José me advierte: -Ya nos encontraremos en las calles. -¡Seguro! Mientras cuídese. Y que su bici siempre lo acompañe.

Tomo la lateral de Viaducto rumbo a Insurgentes… Pienso que somos dos peces de asfalto, nadando en un río de calles inmenso. Volteo de reojo, José ya no está.

*Javier Erró es bicimensajero y cada semana compartirá un aporte sobre el mundo de la bicimensajería.

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