BICIMENSAJERO: CUM PANIS COMPAÑEROS

Por: Javier Erró*  Foto de: Efoolie

Mientras dure este año que ya llega a su fin, sólo me resta reconocer mis comienzos en este mundo de la bicimensajería. El día de hoy nos adentramos en mi memoria y es un lunes de algún mes del 2015 a las afueras del 153 de Medellín en la Colonia Roma. Muchos saben el significado de esta dirección en sus vidas pero pocos continuamos disfrutando de la aventura sobre dos ruedas que emprendimos en aquél entonces…

Jamás vi tantas bicicletas desfilando ante mis ojos, jamás me sentí parte de algo tan grande. Son aproximadamente las nueve de la mañana y mi día recién comienza. No sé usar mapas ni reconozco mi zona de trabajo, estoy perdido en mi ciudad. Todo es nuevo para mí y debo recolectar una paquetería en Avenida Nuevo León 150 en la Colonia Condesa.

Soy un neófito sobre la bici, con duras dificultades sé andar con una sola mano y con la otra apenas y puedo sujetar el celular mientras Google me dicta hacia dónde ir… Arriesgo tontamente mi vida, la ciclovía no me salva de mí y los autos no se salvan de mis desaciertos.

Llevo media hora dando vueltas alrededor de la zona de recolecta, sudo a gota gorda y por instantes una voz en mi interior me grita que lo abandone como a tantas otras cosas en mi vida, pero me aferro; si no logro saltear esta primer prueba tendré que buscar un empleo de oficina, morir lentamente detrás de un reloj que, solamente marque la hora de fumar. Volver a una vida que conozco muy bien, pero desprecio…

Pienso en voz alta, irradio incertidumbre y me detengo un instante ante la que creo que es mi dirección de recolecta (por fin) y hablo por teléfono con mi cliente y le expongo mi precaria situación. Sale a mi encuentro y agacho un poco la mirada reconociendo mi error…

De pronto al retomar el camino, una voz interior me dicta “no te rindas, tú puedes, no desistas” y obedezco, respiro, miro hacia arriba y pongo en mi mente cada uno de mis sueños y después mi realidad… La renta jamás se pagará sola, mis estudios tampoco.

Dicen que soñar es gratis que no cuesta, pero sigo sudando y en una fracción de segundo resuelvo: quiero esto, quiero querer y poder. Pongo una coartada a mi otro yo y venzo. Avanzo lento pero seguro y no me permito ponerme el pie sino para pedalear lo más rápido que pueda aunque no tenga muy claro hacia dónde me dirijo.

Hoy lo tengo claro, iba rumbo a mi destino, que es 21 de diciembre del 2017 a las 01:13 de la mañana. Hoy, siempre es hoy y hago una parada técnica para verme a mí mismo tiempo atrás. Hago un gesto de condescendencia que otros podrían interpretar como una sonrisa y han pasado más de dos años y bicis y personas llegaron y así también se fueron. Ellos continúan y yo prosigo, persigo, persisto, no llegué aquí para rendirme y aunque mis victorias han sido pocas, me pertenecen.

Qué rápido pasa el tiempo y qué corta es una cuartilla para contarles los amigos, la pasión y el amor que he encontrado a partir de aquél momento en que pensé abandonarlo todo. Estoy cursi lo sé, pero todos amamos nuestra bici y con quienes comparto aprecian sobremanera todo lo que han recibido desde aquél entonces.

Finalizo: podemos estar orgullosos, amigos míos, lo hicimos bien entonces y así seguiremos.

Posdata: Convertimos un divertimento en trabajo y del trabajo oficio y del oficio el divertimento, pero en algún punto todo lo anterior cambió y ahora es estilo de vida, pasión y entrega día a día.

*Javier Erró es bicimensajero y cada semana compartirá un aporte sobre el mundo de la bicimensajería.

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