BICIMENSAJERO: PIENSO QUE MI BICICLETA Y YO…

Por: Javier Erró* 

Últimamente la sensación de ir llegando a cualquier sitio conocido o no, acelera mi andar sobre la ciudad sin sueño. Pienso que mi bicicleta y yo hemos ido a sitios en los cuales cientos de historias suceden al mismo tiempo pero nadie percibe, y es por eso que vine a recordar este preciso momento que siento que marcó una de tantas entregas durante el mes de diciembre y quizá de todo el año:

Me encuentro en la Colonia Viaducto Piedad, a escasos metros de Calzada de Tlalpan, son alrededor de las nueve de la noche y en una de mis prisas por llegar, cruzo por uno de los desniveles peatonales que se “rehabilitaron”. Aquí debo confesar que atravieso con total desconfianza con mi bici al hombro, pero cualquier cosa es mejor que buscar el puente peatonal más cercano o el desnivel más próximo pues sé de antemano que el tiempo no me sobra, así que me arriesgo y salgo ileso.

Mi dirección de entrega es Carlos Pereyra 35 y en cuanto vislumbro el edificio tan ya esperado una imagen me sorprende: dos personas sentadas en el portón que da entrada al edificio, una mujer y un hombre, sentados en el piso o dicho de otro modo más crudo, una mujer “de casa” y un indigente de edad avanzada, sentados en la entrada de mi dirección de entrega…

Corroboro mi dirección de entrega y hago el llamado pertinente para que salgan a recibir el pedido y así sucede. Saludo, entrego y cobro, pero mi oído y atención no pueden abstraerse de las imágenes tan reales que me transmite el tono de voz y el intercambio de palabras entre ambos personajes, todo transcurre en menos de cinco minutos:

A- Todavía estás fuerte.
B- Me gusta vivir en paz.
A- ¿Quién te dio eso?
B- Pues la gente que se apiada de mí.
A- Ay no…
B- ¿Por qué terminé así?
A- ¿Tus hijos no te buscan?
B- Esta es la vida que me tocó.
A- Nos la hacemos.
B- Bueno mejor me tomo mi trago porque si no…
A- Silencio.
B- Pienso mucho en la gente que sufre.
A- Todos sufrimos.
B- ¡Me hiciste reír! Y estaba llorando.
A- ¿Por qué llorabas?
B- Pues por mi vida. Hubiera querido ser algo diferente, médico, abogado, arquitecto.
A- ¿Qué te lo impide?
B- Me niego a mí mismo
A- Aún puedes
B- Silencio.
A- Te estás desperdiciando.
B- Dios, sí…
A- ¿Qué harás…?
B- Ya no sé ni a dónde ir.

Al finalizar mi entrega me retiré de aquél sitio con una sensación de pérdida y mientras pedaleaba sobre Calzada de Tlalpan, pensaba en aquél hombre que reía con toda su tristeza a cuestas y yo ahora como él, río y doy gracias a toda la experiencia de calle/vida lograda durante el año. ¡2017 me vas a extrañar!

*Javier Erró es bicimensajero y cada semana nos comparte una historia sobre el mundo de la bicimensajería.

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